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Cuando los cambios inquietan (1)

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Por Federico Rodriguez Velasco (periodista y escritor, reside en Madrid)

Ha pasado casi desapercibido para los observadores lejanos de la realidad política española, el cambio que se produjo en las más importantes ciudades como consecuencia de los resultados de las elecciones municipales de mayo y que tuvieron como escenario Madrid, Barcelona y Valencia de las que nos ocuparemos en especial porque son las tres más pobladas del territorio y que juntas aglutinan a más de 7 millones de personas.

Un cambio que sin embargo tiene un significado y trascendencia que va más allá de la variación de signo político y que está más asociado al sentir y la percepción de una gran parte de la ciudadanía de cómo deben ejercerse las funciones públicas. Un nuevo concepto de política en el que se valora, junto a la eficiencia, la transparencia y la honestidad, un amplio concepto solidario a la hora de manejar los recursos, que son de todos, y el funcionamiento de los servicios comunitarios por encima de organizaciones y partidos políticos.

Un resurgir de la ética, que en política suele ser escasa.

Para entender el alcance y la importancia del cambio se hace imprescindible un pequeño resumen del fenómeno político y social que representan las nuevas fuerzas que lo han propiciado.

El resultado de las últimas elecciones municipales en España ha producido, no sólo un nuevo mapa político que rompe con los esquemas tradicionales conocidos en el país, sino también con el origen de sus dirigentes, que por primera vez en la historia de la democracia española, surgen de sectores sin conexión directa a los partidos políticos y no contaminados con la forma de hacer y utilizar la política, rechazada por una gran mayoría de la sociedad.

Esto no quiere decir que carezcan de ideología. Nacen de movimientos ciudadanos cercanos a postulados de izquierda, que, luego de largas luchas de oposición a las medidas de recortes sociales que se iniciaron en la última legislatura del Partido Socialista con Zapatero y que fueron ampliadas y profundizadas en el gobierno conservador del P. P. de Rajoy en los últimos cuatro años, y que, ante la inoperancia de los partidos de la izquierda tradicional para darles respuesta, se aglutinan en Podemos, un movimiento de carácter popular (que no populista, cómo intentan definirlo desde el poder mediático al económico, pasando por el viejo proyecto político) que pone en marcha un grupo de jóvenes profesores de concepciones muy cercanas al marxismo, de las facultades de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad Complutense de Madrid, con ocasión de las elecciones a diputados de la Comunidad Europea y que logra 6 diputados con los votos de casi un millón y medio de ciudadanos , sin propaganda de por medio y mediante el recurso de las redes sociales, ante la total indiferencia de la prensa y las empresas encuestadoras, que los ignoran en la campaña previa.

El inesperado éxito catapulta al Movimiento que se constituye en Partido con estatutos, postulado y programa que rompen con las concepciones tradicionales y produciendo un terremoto político cuyas consecuencias hasta hoy son impredecibles si nos atenemos a los últimos acontecimientos que han modificado las bases en las que se sustentaba el equilibrio del sistema bi-partidista español.

Cómo todo terremoto que se precie, tiene consecuencias destructivas y regenerativas.

Las consecuencias destructivas tienen que ver con el sacudón casi telúrico que han sufrido los partidos tradicionales, en especial el PSOE porque como, en teoría, representante alternativo a la derecha neoliberal, resultó propiciar en la práctica, similares recetas económicas a las de la propia derecha. Este proceder hizo que una gran masa de sus votantes y activistas, en especial de aquellos analíticos, se apartaran y ante la posibilidad de una verdadera alternativa, como lo era el nuevo partido, se acercaran a éste, dotándole de una fuerza inusitada cuando apenas tenía 6 meses de vida cuando se realizaron los comicios municipales y 9 meses en los nacionales.

Pero además sus postulados, muy cercanos al sentir de la mayoría de la población, hicieron modificar el discurso e inclusive la estética, resaltando los valores de la honradez y la ética como un recurso desesperado de última hora en todos los demás partidos, que veían cómo mermaban sus posibilidades de poder ante el empuje renovador de la nueva formación.

Un papel aparte, pero muy importante, lo jugó la prensa, esta vez si, en la defensa a ultranza del viejo sistema y que merecería otro análisis.

Las consecuencias del seísmo, las hemos visto en los resultados de las elecciones nacionales de las que ha surgido un mapa político fragmentado en cuatro bloques que obliga a acuerdos para poder formar gobierno y que en todo caso, si no se logran, forzará a nuevas elecciones.

Las consecuencias regenerativas son de índole política y de programa , pero éticas en lo fundamental.

En lo político consiguieron conmover hasta los cimientos a los partidos de la izquierda tradicional al punto de obligarles a la reflexión y la renovación o poner en peligro la propia existencia como tales. Es lo que está ocurriendo en el PSOE, pero también en Izquierda Unida que de 12 diputados en la Cámara, ha pasado en los últimos comicios de diciembre a lograr sólo 2 y engrosar con sus votantes, pero sobre todo, con sus valiosos militantes y activistas, las filas de Podemos.

En cuanto a la derecha, cuya expresión estaba limitada al Partido Popular como aglutinante, hizo que se rompiera, surgiendo una facción (Ciudadanos) menos comprometida con la corrupción y más digerible ante los electores, con gente joven al frente que logra arrebatar 3 millones de votos y 40 diputados al PP. Esa ruptura significa la pérdida de la mayoría absoluta, que tenía hasta ahora, y la imposibilidad práctica de formar gobierno, en teoría en manos de la izquierda, si logran un acuerdo de mínimos.

Pero lo fundamental es el cambio que se ha producido en la escala de valores de una importante masa de electores a la hora de hacer valer su voto y esto tiene mucho que ver con la novedosa irrupción en los Ayuntamientos de la nueva concepción de llevar la cosa pública.

(Continuará)

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