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A.N.C.A.P. y la Educación

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Desde hace dos meses estamos impactados por los resultados que viene publicando la Comisión Investigadora en ANCAP. No es para menos. Allí nos enteramos que la deuda de este ente monopólico en combustibles asciende a más de 800 millones de dólares. Una cifra muy abultada para nuestra economía y el sistema financiero. En esta instancia no aparecen acciones dolosas o de corrupción, esto es un alivio para nuestro honor nacional y nos libera de una gravísima carga moral. Se trata de gruesos errores de gestión, exceso de autonomía en las inversiones y muy fuerte desprolijidad en el manejo de los dineros públicos. El Poder Legislativo, la mayoría oficialista, votó una ley reconstituyendo el equilibro financiero del ente. Esto supone que la ciudadanía pagará el dinero mal gastado y mal invertido en la administración que presidió el Lic. Raúl Sendic.

Algunos voceros del oficialismo han dicho que hay quienes propagan “rumores alarmantes” sobre esta situación.

Al mismo tiempo un grupo de estudiantes artiguenses que hizo sus propuestas ante el Consejo de Ministros, reunido en Sequeira -Artigas -, dijo que “la situación de la educación tiene problemas alarmantes” motivó una actitud de rechazo en la autoridad nacional de la educación diciendo categóricamente que la situación actual de la educación no ofrece ningún motivo alarmante.

Sería bueno reflexionar un poco en que puede consistir la alarma cuando se es oposición o cuando se es gobierno.

Seguramente hay gente que piensa con mentalidad oficialista  negando la alarma cuando se trata de su propia gestión, pero no recuerdan las señales de alarma que se encendían cuando eran oposición. Es necesario tener un criterio más serio si uno pretende opinar en temas políticos con rigor y respeto de los ciudadanos.

“Alarmante” según el diccionario expresa a “quien exagera los peligros” o  a “quien tiene inquietud”

No parece exagerado tener inquietud en los temas de ANCAP, en cuanto a la evaluación de los peligros es razonable pensar que esta evaluación debe hacerse con cuidado y esperar las informaciones y juicios de los entendidos en este complejo tema.

En cuanto se refiere a la educación negar la alarma parece un desafortunado intento por quitarle  preocupación al tema diciendo que estamos haciendo las cosas lo mejor posible.

Seguramente dentro de veinte años, para el 2016, el tema de ANCAP sea sólo un tema de referencia histórica y política para un grupo de especialistas. Evidentemente será un recuerdo que algunos conocerán por la actividad académica.

Dentro de veinte años, si hoy no se toma en serio la alarma en la educación seguramente ya no existirá quien ni siquiera tenga memoria, sencillamente el Uruguay como unidad nacional no existirá. En la educación se gesta la cultura de los pueblos y las naciones en su versión más radical. Hay otros muchos emprendimientos sociales que concurren a la gestión del ethos cultural, pero la educación formal es el instrumento privilegiado.

El sistema educativo expresa lo que la sociedad aspira a ser. La tarea educativa diaria es el instrumento que forja las capacidades y valores de los ciudadanos.

En 1906 la Asociación Rural felicitaba a Don José Batlle y Ordoñez por sus esfuerzos en la difusión de la educación primaria en el campo. (sic) Cuando leía esto no salía de mi asombro, más bien se tiende a pensar que los estancieros se resisten a la educación de la peonada y sus hijos, que creen que la educación es sólo para la gente de dinero. Pues bien le siguen diciendo al presidente Batlle que la escuela es un poderoso factor de desarrollo y progreso pues habitúa desde la infancia a ser ordenados, prolijos, mantener la higiene y también saber leer y escribir de modo de ser más aptos para integrarse al desarrollo social que viene, en aquel caso la industria frigorífica y la tecnificación agropecuaria. Este formidable esfuerzo educativo posibilitó que Uruguay enfrentara los desafíos sociales con mejor preparación que otros países hermanos. Llegamos a tener índices de desarrollo humano de los mejores del mundo. El esfuerzo, la constancia, el trabajo, la honradez, el afán de conocer fueron la palanca que generó nuestro formidable ascenso en el concierto de los pueblos civilizados.

Esta situación de alarma en la educación no arranca ahora, viene de lejos.

Desde la fundación de la República, 1830, la educación primaria era impartida por los colegios parroquiales y religiosos conjuntamente con los esfuerzos municipales que se encargaban de fundar y mantener escuelas y también en iniciativas privadas concretas de personas que recibían alumnos para su educación. A partir de José Pedro Varela, con el espaldarazo de Latorre (1876), la educación primara oficial toma un magnífico impulso propio que se continúa hasta hoy.

Es en el gobierno de Máximo Santos -1872- ( que la educación “secundaria” empieza a tomar un perfil propio pero siempre supeditada a la Universidad de la República. Esta situación llega hasta Terra, 1935, donde se produce la autonomía de Secundaria y la separación definitiva de Preparatorios de la Universidad. Parecía que la educación secundaría ya no sería la propedéutica de los estudios universitarios. Lamentablemente Batlle había desechado la propuesta de hacer una universidad tecnológica, cosa que sufrimos hasta ahora para diversificar la educación de los jóvenes.

Hasta mediados del S. XX Uruguay sigue el modelo napoleónico de educación, destinado fundamentalmente a producir empleados públicos destinados al servicio de un estado creciente.

En 1941 se hace la reforma “democrática” en el gobierno de Baldomir. Se hacía fastidioso seguir con la estructura educativa terrista. Pasamos a tener el Plan 41, que era lo mismo que el del 35 pero con bibliografía actualizada. Se decide, también, formar la “Comisión para la Reforma”, muy propio de los políticos uruguayos que cuando no quieren hacer algo forman una “Comisión”. Esta Comisión fue exigida a pronunciarse en el gobierno blanco de 1963, dando origen al Plan Piloto 1963 de feliz memoria y disimulado entierro. No quedó ni evaluación ni vestigios de una propuesta alternativa al mal corriente.

El Plan 41 es la estructura del sistema de nuestra enseñanza secundaria actual. Aproximadamente cada diez años los gobiernos de turno se sienten en la obligación de hacer algún retoque cosmético para que todo parezca nuevo permaneciendo todo igual.

Las realidades sociales, políticas y económicas variaron mucho en la segunda mitad del S.XX. Fundamentalmente la matrícula explotó y esto no se encauzó, ni se tuvo en cuenta, salvo para lamentarse que el presupuesto no alcanzaba. Sucedió con los gobiernos de los tres partidos. En la época amordazada de la dictadura además de seguir con la noria los problemas se complicaron por incapacidad de conducción.

Hoy seguimos atados a los mismos esquemas. La palabra la tienen los políticos que acuerdan compromisos interpartidarios y auguran el cambio de ADN en las campañas electorales o discursean con “educación, educación y más educación” y no pasa nada. Luego dicen que no pudieron hacer las reformas necesarias por que no los dejaron, ¿Quiénes?

Debo confesar que esto me produce alarma, ahora que podemos. En 2036 ya ni esto será posible pues ni siquiera sabremos balbucear. Ni siquiera existirá quien pueda leer sobre la “alarma” que generó ANCAP, pues la actual alarma educativa de hoy no atendida habrá formado a los uruguayos ignorantes del mañana.

Lic. Jorge Scuro

 

 

 

 

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