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Movimientos Sociales y Partidos

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Por Lic. Jorge Scuro

Argentina y Venezuela son la noticia política de estos días en América Latina. En ambos hay cosas semejantes y diferencias notorias en sus procesos políticos. Nos interesa acá observar lo sucedido en las últimas elecciones que vivieron estos países.
Ambos países vienen desarrollando políticas de izquierda, llamadas por otros populistas. Lo central en estos países es que sus gobiernos provienen de movimientos populares que se proponen la superación del capitalismo o el neo liberalismo. El peronismo y el chavismo (socialismo siglo XXI) prometen la eliminación o superación de los regímenes dependientes del imperialismo económico internacional. Ambos se apoyan en la movilización popular, la adhesión o neutralización de las FFAA y el control estricto del comercio exterior.
La ola de “viento a favor” para los productores de materias primas, caso de los latinoamericanos, hizo posible que políticas de subsidios y proyectos populares ilusionaran a mucha gente. Ante el cambio de viento las cosas se complican, los ingresos abundantes y las compras baratas hacen necesarias ciertas restricciones al gasto público. En Venezuela se siente más que en Argentina pero de todos modos el fantasma de los próximos recortes recorre la imaginación de la gente y buscan ponerse a salvo. Es frecuente que la imaginación o las fantasías sean más fuertes que la realidad.
La clase media y los intelectuales son los principales afectados. También los industriales, comerciantes, productores, trabajadores a destajo y jubilados. La desaceleración y los conflictos sociales desaniman a los inversionistas.
En Argentina el gobierno es detentado por el peronismo o Partido Justicialista, fundado por Perón en 1945. Ejerció el gobierno en varias oportunidades, fue derrocado por las FFAA y en este período termina 12 años de gobierno, aunque por caprichoso designio de Cristina se retira 12 horas antes de entregar la banda presidencial. El poder social en todo este tiempo, gobernando o siendo oposición, le correspondió al peronismo que aún hoy mantiene el 86 % de la opinión pública, los sindicatos e importantes centros operativos políticos.
Podemos decir que Argentina desde hace tiempo viene operando con un partido único. El tradicional rival, el Radical, está muy reducido y ahora sólo pudo acompañar, dentro de una coalición, al opositor Macri quien no tiene partido político sino que es el referente de un amplio movimiento civil-político.

Venezuela tampoco pudo lograr desde 1998, triunfo de Chavez, la tan ansiada “independencia” económica del capitalismo, ni siquiera pudo generar nuevos compradores de su petróleo siguiendo como abastecedor de EEUU., siendo a su vez dependiente de éste y otros mercados capitalistas para la completa satisfacción de las necesidades de abastecimientos alimenticios, medicinales y toda la gama de productos manufacturados.
Los uruguayos consideramos partidos tradicionales a aquellos con más de cien años de historia, como el blanco y el colorado, pero también el Socialista, Comunista y el Demócrata-cristiano que surgen a principios del siglo pasado. (Estos forman el Frente Amplio desde hace 45 años). En este sentido nos es difícil hablar de partidos tradicionales, pero la realidad latinoamericana y caribeña es que un partido con dos décadas ya se considera tradicional.
También en Venezuela se da la existencia de un partido único, el Partido Socialista Unido. Esto no surge de una imposición legal como en los países comunistas (URSS, China, Cuba, Corea del norte) pero sí como en Argentina no tienen un partido de oposición de igual estructura y antigüedad.
¿Quiénes triunfan entonces en las elecciones sobre el oficialismo? Triunfa una oposición sin partido, que acompaña a un movimiento surgido de distintas agrupaciones de la sociedad civil. Los partidos políticos tienen una desconfianza natural de las iniciativas de la sociedad civil.
La sociedad civil vence en las urnas a las organizaciones políticas, en estos dos países.
Esto es grave y peligroso. Le debemos prestar atención. Tenemos el antecedente de Alberto Fujimiri (1990-2001) en Perú que sedujo a las multitudes civiles sin partido y ya sabemos qué desarrollo tuvo y cómo terminó.
El sistema republicano, democrático, representativo, liberal de nuestras constituciones se basa en la función y alternancia de los partidos políticos. Así sucede en Uruguay e Inglaterra (monarquía) con sus partidos de principios del S.XIX, Los otros países democráticos también se mueven en este esquema. El desborde de los sindicatos y grupos de presión ante quienes fueron débiles lo dos gobiernos estimulan la reacción de la sociedad civil que busca entonces organizarse. El desorden repentino en las ciudades, con sus incomodidades para los ajenos, provoca la reacción de grandes mayorías que se sienten agredidas, no respetadas y desamparadas por la autoridad que contempla pasiva los desbordes. Calladamente buscarán vengarse.
¿Qué pasará con esta nueva modalidad? No lo sabemos.
Deseamos de corazón y cabeza que sea lo mejor para esos pueblos. Que logren alcanzar lo que se proponen con estos cambios. La suerte de los pobres, los trabajadores y la gran mayoría de la gente de a pie está en juego. También la de los productores, pequeños y medianos inversores, la clase media, los intelectuales, los trabajadores destajistas y los artistas.

1 comentario

  1. Carlos Curutchet on

    Me gusto, comentario sencillo, equilibrado, sin criticas venenosas o de mala leche. Una manera de ver las cosas

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