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Refutan polémica sobre el Papa

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(Vecinos Digital: el Lic. Jorge Scuro es editorialista desde hace aproximadamente 10 años del Mensuario VECINOS y ahora columnista de VECINOS DIGITAL. En una oportunidad, cuando visitó a su amigo el Papa Bergoglio, nos hizo dos o tres crónicas de su encuentro. Además en tapa sacamos la foto del Papa leyendo VECINOS. En esta oportunidad, el medio mexicano Exelcior le hizo una nota teniendo en cuenta la cercanía que tiene Scuro con el Pontífice. La trascribimos en su columna habitual.)

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CIUDAD DE MÉXICO.

El 8 de noviembre de 2010 fue el día más difícil para el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, ahora Papa. En un hecho insólito, la justicia lo citó para comparecer como testigo por el secuestro de los jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics, perpetrado por los militares de la dictadura que ensombreció al país platense en los años 70 y 80 del siglo pasado. En esa época, Bergoglio era el provincial de la Compañía de Jesús y, con el paso del tiempo, se le acusó de haberlos desprotegido e, incluso, entregado por su militancia política. Sin embargo, no se le encontró responsabilidad alguna.

Esta atribución, desempolvada por el periodista Horacio Verbitsky, es “falsa e inexacta”, dice a Excélsior desde Montevideo el profesor Jorge Scuro, una de las personas que conocen al Pontífice y a los dos religiosos desde su juventud.

Formado en el Colegio Máximo de San José, Scuro advierte que ni Yorio ni Jalics pronunciaron “una sola palabra de resentimiento, en público o en privado, contra Bergoglio”, porque estaban seguros de que no los había entregado.

Yorio y él conversaron al respecto antes de que éste muriera en Uruguay, en 2000. Revela que, incluso, le obsequió sus diarios personales. A Jalics lo volvió a ver en Montevideo en 2013 y, durante una plática, volvió a deslindar del caso a Bergoglio.

COMPAÑEROS

Fue en marzo de 1967 cuando Scuro conoció a Jorge Mario Bergoglio, ese joven “mesurado y medido” quien, a la postre, se convertiría en el primer Papa americano de la historia.

Bergoglio tenía 29 años de edad y comenzaba la carrera de teología en el Colegio Máximo de San José. Scuro rondaba los 24 y se disponía a iniciar los estudios filosóficos en ese mismo centro. Pero una coincidencia —ambos repitieron la materia de Metodología Científica— propició un particular vínculo entre ambos. Al grado de que “fundamos una amistad que se perpetuó con el tiempo”, afirma Scuro.

Un día de primavera se ordenó mi amigo”. Scuro no olvida la fecha: 13 de diciembre de 1969. Mucho menos el lugar: el patio de la Facultad de Teología. Como estaba repleto, contempló la ceremonia presidida por monseñor Ramón José Castellano, arzobispo emérito de Córdoba, desde una de las ventanas de la hemeroteca, desde donde vio a la madre de Jorge Mario, Regina Sivori, a quien tanto trabajo le costó aceptar la vocación religiosa de su hijo mayor, y al maestro de ambos, Juan Carlos Scannone, uno de los precursores de la teología de la religiosidad popular y el que “más incidencia ha tenido” en el argentino.

Al día siguiente, me encontré a Jorge Mario en el corredor que daba acceso a la capilla. Nos abrazamos, lo felicité y me compartió con ilusión que celebraría su primera misa entre los más pobres de Buenos Aires”, recuerda.

“¿QUÉ VA A PASAR AHORA?”

Cuando el papa Francisco asumió la cátedra petrina, el exjesuita Jorge Scuro y su esposa, María Mercedes Somma, estaban sentados en la sala de su casa. La noticia los estremeció y se preguntaron: “¿qué va a pasar ahora?”

Jorge Scuro sintió un “sufrimiento profundo”, porque entendía los desafíos de ese pontificado. Pensó en que sus detractores volverían a relacionarlo con la dictadura. Y no se equivocó. Pero también, asegura, tenía la certeza de que la gente desestimaría esos ataques. No dudó en escribirle y, para su sorpresa, obtuvo pronta respuesta del Pontífice. Tras un intenso intercambio epistolar, acordaron verse en junio de 2015 en el Vaticano.

El reencuentro fue emotivo. Cómo no lo iba a ser. Recordamos cosas agradables. Hablamos en porteño; tocamos todos los temas y le regalé el disco Veinte versiones de La cumparsita, que no soltó ni un momento. Al día siguiente, nos vimos en la Plaza de San Pedro, donde presentó su encíclica Laudato si’. Al verme, me soltó una broma: ‘engordé 14 kilos, pero, no te preocupes, bajé dos’. Me impresionó su fuerza”, relata Scuro.

Este intelectual que consagró 45 años de su vida a la enseñanza, sabe que Jorge Mario Bergoglio ya forma parte de las mejores páginas de la historia. Es el primer jesuita, el primer latinoamericano, el primer Francisco. Un pontífice preocupado por provocar un aggiornamento (actualización) en el seno de la catolicidad y por hacer de la pobreza el centro del mensaje evangélico.

A Tonatiuh, su pequeño nieto, Jorge Scuro podrá contarle en unos años que en Italia vive su amigo… el Papa.

 

 

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