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Lui, veni que hay una globa que te esta esperando

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Linng Cardozo (artista y periodista)

Yo a Luis Suárez lo putié mucho. Era los tiempos que se generaban muchas chances de gol en Nacional y Suárez erraba una y otra vez. Un día supe que el Lui le pidió plata a su representante, Daniel Fonseca, para visitar a su novia, que joven se había ido con su familia a Barcelona. La extrañaba. Fonseca facilitó el viaje y a Barcelona viajó el 9 de Nacional que embocaba poco. Volvió y comenzó a hacer algunos goles. No era –como luego lo confesó- un genio con la pelota. Era caprichoso con la pelota. La agarraba y arrancaba hacia el gol. Intentaba hacer moñas que no eran moñas: era tirar la pelota cortita y ver si el contrario estaba con las gambas abiertas. Más de una vez la pelota rebotaba y otras veces pasaba y allí el Lui enfilaba al arco y le prendía. En los primeros tiempos Suárez se inclinaba hacia adelante, baja un poco la cabeza, y sacaba el pelotazo. Y entraban. Ya en Inglaterra –con la pulida holandesa- Suárez se prolijeó aunque seguía con su genio protestón y generador de faltas (algunas de vivo –se tiraba- y otras porque a pesar que ponía el culo hacia atrás igual lo fajaban lindo).

LA ZANCADILLA. El Lui fue creciendo. Su punto más relevante antes de llegar al Barcelona fue cuando se lesionó o lo lesionaron en Inglaterra, previo al Mundial de Brasil. Luego vino su fortaleza y la ayuda del fallecido y querido Walter Ferreira. Y vinieron los dos goles a Inglaterra. Era el mundial del Lui. Pero un genio malnacido ¬–ese que todos llevamos adentro- le hizo una zancadilla y así como mordió la vida y cada pulgada de su carrera, mordió a un contrario. La FIFA no lo perdonó. Unos hijos de puta con maestría en La Sorbona. La sanción fue para liquidar a Uruguay y a Suárez. Iba a ser el mundial del Lui.

 

SABIDURIA CATALANA. Barcelona sabe lo que hace. Pese al antecedente y a la brutal sanción, lo compró. Estuvo fuera de la cancha mucho tiempo. Y comenzó a jugar. Había dudas sobre si iba a morder de vuelta y a encajar en un cuadro de estrellas. Y Suárez volvió a morder, a morder la bronca; cada milímetro de esfuerzo, seguro, se lo dedicaba a Blatter y sus secuaces. En silencio.
Y vino la madurez. Y los goles. Mas el reconocimiento de sus compañeros y su equipo.
Hoy cumple 29 años el pibe que no embocaba una pero que era un caprichoso con el arco metido entre diente y diente.
Y los cumple en Barcelona, junto a la piba que un día visitó sin un euro en el bolsillo.
Los cumple sabiendo que aquí en Uruguay, habrá un estadio lleno para recibirlo, para acunarlo en la bandera y saludar su mejor capricho: el gol.

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