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¿De qué vive un artista plástico?

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Por Linng Cardozo

“Aquí ando, viendo si vendo un cuadrito”. La frase pertenece a un veterano artista que vive en Punta del Diablo y fue escuchada en una galería montevideana.

Andaba con algunas telas arrolladas y cartones en una gran carpeta. Ofrecía: “¿qué le parece?”. Uruguay –y en particular Montevideo- es un mercado marginal para las artes plásticas. No está en la ruta de las grandes exposiciones ni las importantes firmas. Los altos precios son expuestos sólo por Torres García, Gurvich o Barradas. Andan en los 50 mil dólares. Naturalmente que hay artistas de mitad de tabla, pero la enorme mayoría deambula con sus obras con valores irrisorios. “Aquí no hay mercado”, dice una galerista que vende mucho por Internet. Son obras importantes de la escuela Torres o, incluso, discípulos de Gurvich.

Un dato de este mercado: un Cristo de Eduardo Yepes se vende a unos 1.200 dólares, cuando un buen artista como Roberto de León vende sus trabajos a unos 2 mil dólares.  Si se compara trayectoria y trascendencia, Yepes –yerno de Torres García y autor del Cristo de la Iglesia de Atlántida diseñada por el Ing. Eladio Dieste- es más importante que de León. Pero la obra de Yepes vale eso. (Otra historia es como se construye el precio de una obra).

¿Qué pasa con otros artistas? Hay matices. La enorme mayoría trabaja con pasión pero a tientas, sin saber cómo se comporta el mercado. Algunos artistas, incluso, repudian la palabra “mercado” y entonces se recluyen en su taller aspirando a escuchar que alguien golpee la puerta para comprarle un par de obras.

Muchos artistas acompañan sus trabajos con la enseñanza. Constituyen talleres en donde reciben a niños o adultos con inquietudes plásticas. Ahí reciben algún dinero. Oscar Larroca, reconocido internacionalmente, da clases en Florida y en Montevideo; Rodrigo Fló –un artista de gran porte- enseña en el Museo Torres García.

Muchos otros, “tiran piojos con catapulta”; se aferran a la bohemia ínsita en la profesión mientras esperan que un marchand europeo les salve la vida. Muchos luchan para que el “mercado” no los voltee y no los saque de su estilo. Por otro lado, conozco a un grupo que le puso “el mango a la pelota” y hacen cuadros como si hicieran panchos, con mostaza de La Pasiva y todo. Cuadros a la carta, digamos. Y así la llevan. Tienen que comer.

En muchos artistas de calidad –en Uruguay es brutal la cantidad que hay- se advierte escasa profesionalización a la hora de vender los productos artísticos.

Cito ejemplos de la música y me explico mejor. Jaime Ros fue el primero en profesionalizar su carrera. Lo hizo con firmeza y tozudez, además de talento. Logró un nivel de penetración en el mercado que le permite vivir de la música. Luego vinieron  otros. No Te Va a Gustar y en los últimos años Ruben Rada. Tunda Prada –artista plástico y músico- me dijo: “entendí cómo es esto y tengo productor”.

Entre los artistas plásticos uruguayos eso es una herejía.  Hay algunos intentos, aislados, pero interesantes, sobre todo cuando se entiende que el mayor desafío es llegar a mercado del exterior. Como en cualquier otro sector de la economía: apostar a la exportación. El mercado interno es débil y pequeño. (Un dato: Brasil está en pleno desarrollo de ese mercado por el crecimiento económico de vastos sectores; Cuba muestra cada vez más coleccionistas de EE UU y europeos que buscan buenas obras).

En España y EE UU hay abundante experiencia sobre la profesionalización de los artistas plásticos a la hora de llegar a los mercados de la mejor manera.

Francisco Torralba, español, tiene un proyecto que llama “Vivir del Arte”. Es coach y consultor de artistas plásticos. Está formado en el Institut Gestalt de Barcelona en Coaching Transformacional y por Newfield Network de Chile, en el Programa Avanzado de Coaching Cuerpo y Movimiento. Durante casi 30 años se ha dedicado a organizar exposiciones, en New York, Los Ángeles, Miami, Barcelona, Las Vegas, Tokio, San Francisco, Luxemburgo, París y Bruselas.

Ese es el camino a explorar.

(Próxima entrega: Historias ocultas de los remates).

 

 

 

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