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Al menos, un voto por la negativa

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Por Eduardo Vaz
Cada hora que pasa me pesa más el proverbio “el que calla, otorga”. En las redes frenteamplistas —donde participo— me expresé el domingo, luego de leer la declaración del Plenario y de escuchar detenidamente la intervención del compañero Raúl Sendic.
Estimada/o lector: si no lo escuchó y no leyó la declaración, recomiendo que lo haga antes de leer esta nota; van adjuntos abajo.

Los puntos 1 y 5 del texto son plausibles por donde se los mire, en especial el 5. Sería fantástico que todos los frenteamplistas nos comprometiéramos sinceramente con la convocatoria, aunque para muchos militantes de las fuerzas que propiciaron esta declaración sería ir contra su práctica cotidiana.

En cambio, los puntos 2 y 3 son inaceptables.

Sobre el punto 2. La oposición hace su juego, como lo hizo el FA antes de 2005. Que alguno exagere, tergiverse o mienta, es parte del juego político y la gente sabe discernir. Prueba irrefutable de esto es que estamos gobernando por tercera vez. Pero hablar de “debilitar la institucionalidad democrática del país” repite el discurso reaccionario que la peor derecha usaba contra la izquierda. Y es tan grave ahora como entonces porque tampoco es cierto. La democracia uruguaya no corre ningún riesgo hoy ni figura en la estrategia de ningún partido democrático desestabilizarla. Es un gran diferencial de nuestro país. Parece una declaración orientada a otros procesos latinoamericanos y no al nuestro.

El ataque a “diferentes medios de comunicación” es un error colosal y muy riesgoso. Que El País, Búsqueda o El Observador y otros son medios opositores, no hay duda (los dos primeros fueron pilares de la dictadura, lo sabe todo el mundo). Sin embargo, nadie puede creer que hoy llamen al golpe o estén socavando la democracia porque le dan con un caño al Frente Amplio y al gobierno. Y al errar el diagnóstico se yerra el tratamiento del problema con el riesgo de que, muy probablemente, el paciente –gobierno y FA– empeore.

Basta ver la reacción de la Asociación de la Prensa (APU)*, sindicato que no se caracteriza por ser un aliado de la derecha y del imperialismo ni sus miembros por ser mercenarios a sueldo de la prensa chatarra, condenando la declaración del Plenario. Que me corrijan si está mal, pero creo que es la primera vez en la historia que APU se enfrenta a una declaración del FA por estos temas.

Punto 3: Esta llantina no es propia del FA ni de sus militantes. Tenemos muertos, desaparecidos, presos y torturados, exiliados, perseguidos y proscritos, y cuando somos gobierno con mayorías parlamentarias por tercera vez ¡nos quejamos porque intentan desacreditarnos! No está a la altura de nuestra historia y tampoco de las circunstancias actuales.

Punto 4: La solidaridad personal con Sendic ante ataques injustos, mentiras o el involucrar a su familia, está muy bien. La desacreditación de la que es objeto, que pesa especialmente a quienes lo votamos, la ha provocado él con el tema de su licenciatura, que todos esperamos logre acreditar de una buena vez. Es él quien ha declarado mal, primero diciendo que estudió cinco años genética en la Universidad de la La Habana (programa de Raquel Darruech, siendo diputado), poniendo el título en su curriculum, pidiéndole a Jorge Traverso que lo llame licenciado y ahora diciéndole a la periodista de El Observador que no, y que está mal la web oficial de su lista 711.

Sus disculpas en condicional al Plenario (“si esto puede generar dificultades…”) no alcanzan en absoluto. Los que lo votamos fuimos más de un millón, los que hicimos campaña por él fuimos miles, y miles también los que defendemos al gobierno cada día; ¿no merecemos una disculpa sin condicionales? Y la ciudadanía toda, de la cual es el vicepresidente, ¿no la merece con todas las letras?

Este lío no lo inventó la CIA sino sus propias y contradictorias declaraciones y la falta de papeles que lo acrediten; lo que vino después es lo que pasaría en cualquier país democrático.

Lo bueno de este gravísimo error que ha cometido el Plenario es que fue unánime. Todos los sectores (dos se abstuvieron pero no votaron en contra) y todas las bases se sumaron al texto, así que acá no es cuestión de pasarnos facturas entre sectores. Lo más grave es que golpeó parte de la identidad frenteamplista que se apoya en la idea de que los políticos no son todos iguales y los partidos tampoco. Sin embargo, respondimos de la peor manera: sin la menor autocrítica nos cerramos a la sociedad y acusamos a los malos de siempre.

Basta hablar con gente en cualquier ámbito para recibir una visión muy negativa de lo resuelto.

Para cerrar el tema y dar vuelta la página –el país, el gobierno, el FA y el propio Raúl lo necesitan– se eligió el peor camino. De esta forma se lo perpetúa y genera problemas aún mayores.

Es de esperar que el Plenario del próximo sábado recoja lo que sembró con su declaración en la semana, tanto en la sociedad como en el frenteamplismo.

Habrá compañeros que dirán que esta nota no contribuye a salir del tema. Algunos pensarán en maniobras ocultas, divisionistas, y quizás los críticos más condescendientes puedan argumentar que “le hace el juego a la derecha”. En Uruguay hay una gran cultura política acumulada, el FA ha obtenido por tercera vez el gobierno y la mayoría parlamentaria, ¿no merecen todos los frenteamplistas el crédito por su propio discernimiento? Si hay quienes que no nos sentimos representados por el Plenario, ¿debemos callar y acatar? ¿Es que ya no queda lugar para la discrepancia?

El tema se agotará cuando la sociedad lo haya digerido, nadie podrá decretarlo.

Si la declaración del Plenario va en la dirección correcta, y promueve el crecimiento y prestigio del FA ante su gente y la sociedad, enhorabuena. Me habré equivocado como tantas veces pero festejaré con todos, como siempre. Y si le erró fiero, afectando su credibilidad y poniendo en riesgo el futuro, como pienso, estaré buscando caminos de reencuentro, con todos, como siempre.

(Eduardo Vaz – Integrante de la Red Miramar  y Columnista de VECINOS DIGITAL)

 

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