Hora local en Montevideo:

Frio eran los de antes

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Por Federico Rodriguez (desde Italia)

Nota de Redacción: para quien no conocen a Federico Rodriguez, les decimos que estuvo hace alrededor de 22 años atrás en la iniciación del Mensuario VECINOS, que sale todos los meses en tamaño tabloide, en lo que abarca todo el territorio del Municipio E, especialmente los barrios Buceo, Malvin, Punta Gorda y Carrasco y que se distribuye en forma gratuita o por suscripción solicitando la misma en diariovecinos@adinet.com.uy. Es madrileño, nació en el 41 y sufrió los coletazos de lo que fue la Gerra Civil Española, diríamos en carne propia, con un padre desaparecido casi 6 años, hasta que lo devolvieron los franquistas. Vino al Uruguay cuando tenía 10 años, se enamoró de Montevideo, se hizo hincha de Peñarol y se fue a Australia con toda su familia cuando tenía 30 años. Volvió a vivir en el Uruguay cuando cumplió 55 años y hace 5 que pasó a vivir en Madrid y luego de quedar viudo, consiguió una novia italiana y vive alternando entre la ciudad de Palermo y Madrid. Se siente uruguayo, y como toda persona que tuvo esta vida de estar un poco en distintos lugares “no sé de dónde soy, pero me siento uruguayo”, lo dice siempre. Y como nos comunicamos seguido y le comenté el frío que estamos pasando escribió estas líneas para VECINOS.

Hola a todos: lamento lo del frío que están soportando.

Si no estoy equivocado, hubo un año muy, muy frío en Montevideo, no puedo precisarlo exacto, pero coincidió con las vedas de la carne. En aquella época yo era un jovencito -que ya es decir- e íbamos con mi hermano Flores, que todavía no era casado, en el 114 de CUCTSA, a las carnicerías del Puente de Carrasco en Canelones, tratando de evitar, al regreso, a la policía que te incautaba la carne en “la frontera”.

Supón que yo debía tener 16 años, lo que nos retrotrae casi 60. Ese año Montevideo sufrió una ola de frío polar que hizo llegar el termómetro a bajo cero casi todos los días. Debías tener cuidado al caminar por las veredas por el hielo. Si no recuerdo mal, nevó en Tacuarembó y en el diario Acción, que salía en la tarde, publicaron la foto de un tren con el techo cubierto de nieve. Era un frío tremendo, pero claro, teníamos 16 años y muchas ganas de calentarnos pegando patadas a la pelota en la calle y haciendo la vida imposible a los vecinos. Aunque para nosotros era mucho menos frío que el del Madrid de la pos guerra civil y porque además en Montevideo se desconocía el hambre, que desabriga más que la falta de ropa.

Mi madre, cuando caía la tarde, ponía dos ladrillos refractarios, que mi viejo tenía como una reliquia, sobre sendos Primus a querosene suecos, que usaba mi vieja para cocinar por el día y que por la tarde-noche se convertían en estufas mientras escuchábamos las radionovelas en la maravillosa radio a válvulas con onda corta, que un amigo técnico le había fabricado a mi viejo y que con la ayuda de una antena, que colocó en el techo de la casa, escuchaba Radio Pirenaica Libre que era la emisora clandestina de la Resistencia republicana emitiendo contra la dictadura de Franco desde el Pirineo francés, después de escuchar “El Peluquero” y “Así es la vida” de Enrique Liste, no estoy seguro si en Radio Nacional, CX30.

Aquellas maravillas quedaron grabadas en mi corazón para siempre junto al frío y son de los recuerdos más entrañables de un Montevideo casi pueblerino en el que existía el Expendio Municipal “la Copa de Leche”, El SOYP y Subsistencias. Un equipo de Peñarol fabuloso. El Estadio al que entrábamos gratis diciendo a algún adulto las mágicas palabras: “¿Mozo me entra?, dele, no sea malo”(porque a los hombres se les llamaba “mozos” y los niños podían entrar gratis con un adulto) o más tarde esperando fuera del Estadio los últimos 15 minutos en los que abrían las puertas y a veces nos veíamos en esos últimos minutos los goles que definían un partido.

El regreso al barrio “en barra”, es decir a nuestra calle, porque cada calle era un mundo y la otra de al lado otro mundo. Aquel Montevideo entreverado de tanos laburadores y gallegos de almacén enfermos de morriña y muy pocos que cómo nosotros casi nos ofendíamos cuando alguien nos llamaba gallegos, porque éramos madrileños, hasta que nos cansamos de explicar las diferencias, que luego desaparecieron en la fraternidad de la lucha por otro país. Pero esa es otra historia.

Bueno, en fin, espero que pase la ola de frío y se cuiden. Aprovechen a descansar, ver TV o leer.

Aquí en Palermo hace un tiempo muy agradable alrededor de 26 grados aunque cuando lleguemos a Madrid, el jueves nos encontraremos con 36 o 37…Lo mitigaré con alguna caña…

Ya nos pondremos en comunicación.

Un abrazo.

Federico.

 

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