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CUANDO EL FANATISMO PUEDE MÁS

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Por Diego Murara (Concejal Municipal del E – Partido de la Concertación-Sector Bordaberry)

El fin de semana venia tranquilo hasta que desde el gobierno anunció la muerte del subsidio a las donaciones a las universidades privadas.

Desde que se supo la noticia, surgió información clave sobre el tema. Por ejemplo, se publicó que existen becas por mérito, por contexto económico y por combinación de ambos criterios.

Se sabe también que en la Universidad Católica los becados llegan al 20% y que la ORT entrega 1000 becas por año. En Facebook, decenas de hijos de trabajadores publicaron sus casos, agradeciendo y contando que pudieron acceder a su universidad preferida gracias a la beca.

Está claro que a quien puede pagarlo esto no le afecta, ya que si quiere va a la pública y si puede y quiere pagará una privada. Y si encima tiene aún más recursos, puede hacer toda la carrera en el exterior, con posgrado incluido.

¿A quién afecta entonces? A los miles de becados del sistema privado, que ven su esfuerzo y su disparidad económica compensados por una de las tantas becas a las que podían acceder. Con menos ayuda, habrá menos becas y podrán acudir solamente quienes puedan pagarlo.

Más allá de estos argumentos, algunos seguirán convencidos de que sacar el subsidio es el mejor camino, ya que no hay plata (porque se la patinaron) y existen otras prioridades.

Es bueno entonces ver la incidencia del subsidio que quieren sacar en comparación con alguna de las últimas políticas públicas. Este subsidio le cuesta al Estado USD 1,5 millones por año. Como se ve en la gráfica, en el agujero de ANCAP gastaron USD 2,000 millones, en perdonarle la deuda a la dictadura cubana se fueron USD 60 millones y en pagarle el sueldo a los 70, 000 nuevos funcionarios públicos USD dedican USD 1,500 millones anuales. Calculando, vemos que el subsidio a las universidades privadas es el 0,04% del total de estas políticas públicas. INSIGNIFICANTE.

Tenemos que preguntarnos: ¿Qué le vale más la pena a la sociedad? ¿ayudar a que más jóvenes asistan a la universidad o subsidiar a la dictadura cubana?

¿Preferimos desarrollar el sistema universitario o tapar el agujero que hicieron después de fundir ANCAP, la empresa más grande (y monopólica) del país?

Una vez más, unos pocos, pero organizados nos van haciendo perder la libertad en cuotas.

Es la misma minoría que se oponía a las plantas de celulosa (tanto que ni siquiera firmó el tratado de protección de inversiones con Finlandia en 2002, cuando en plena crisis el gobierno intentaba asegurar la mayor inversión de la historia, que generaría miles de puestos de trabajo) pero que hoy aplaude la llegada de la 3ra planta solamente porque es el único salvavidas con el que cuentan para sacarnos del estancamiento. Son los mismos que están en contra de TELETON porque una parte de las donaciones las subsidia el Estado. Nadie niega que es debatible, pero no se puede debatir eternamente mientras los problemas se acumulan y el desarrollo se nos va de las manos.

En cambio, somos la enorme mayoría los que queremos que el Estado gaste bien y que ayude a emparejar para arriba, nunca para abajo.

Somos la enorme mayoría los que queremos que Uruguay abra su camino en el mundo.

Somos la enorme mayoría los que creemos que el futuro va por encontrar coincidencias y no por atrincherarnos en las diferencias y el resentimiento.  Le va el futuro a los uruguayos que menos tienen antes que nada, pero le va el futuro a todos los que soñamos con un Uruguay desarrollado.

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