Hora local en Montevideo:

Chalet Villa Yeruá y un recuerdo al amigo

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Por Dr. Nelson Sica Dell ´Orso

Desde Sydney fue de los primeros reclamantes

La lucha fue muy larga, pero felizmente está llegando a su fin. En los muy lejanos tiempos de los  Gobiernos Colegiados, en 1958, presidiendo el Concejo Departamental de Montevideo, don  Daniel Fernández Crespo, se cumplió el trámite expropiatorio del inmueble sito en calle Rimac y la Rambla, y la propiedad pasó a ser parte del dominio público. No obstante ello, nadie se ocupó desde entonces por tomar posesión del bien, y darle un destino útil al inmueble, como lo venía reclamando la ciudadanía.

Aunque parezca mentira, uno de los  primeros reclamos, vino desde Sydney, Australia, donde vivía un uruguayo, arribado en 1974,  en la época de la dictadura, como exiliado, pues el ejército había intervenido la Universidad, donde él trabajaba en la Facultad de Química. Avero,  como me lo dijo  “se las vio venir”, y  con su esposa y dos pequeños hijos, desde su domicilio en Lagomar,  emprendió el camino del exilio. Solo tenía 105 dólares, pero el gobierno australiano pagó la casi totalidad de los pasajes, se los alojaba gratuitamente en los llamados “hostels” (villas residenciales) en los primeros tiempos y se les ayudaba para aprender el idioma y buscar trabajo. Así llegaron más de 20.000 uruguayos a Australia.  En Sydney  se desempeñaba primero como soldador y después como tornero formado en U.T.U y cuando pudo, también como comunicador del tango,  tenía un espacio radial en Radio Río, que trasmitía las 24 horas del día en idioma español, titulado “Champagne Tangó”. Pues como todo inmigrante no olvidó nunca lo que dejó en su tierra natal, sus ideales, sus amigos, sus costumbres, sus gustos… entre estos últimos su amor por la música, en especial por el tango. Pues siempre decía que “la lejanía tiene sus efectos y despierta el alma con inspiración de pretendidos versos”, como lo dijo en unos de su autoría. Y en otros preguntaba: “¿Sabes Mi Montevideo?” Para contestar “Difícil que pase un día sin que me acuerde de vos… tengo todo tan presente”. Concluyendo en que “Estas cosas que te cuento simples cosas solo son… pero al tenerte tan lejos, me llegan  al corazón”. Como muchos más “empezaron a soñar con el regreso, en la puerta principal del aeropuerto, las valijas repletas de ilusiones, los bolsillos vacíos y con miedo” …  como dice el tango “Los hijos de Gardel”, letra de Laura Canoura y música de Alberto Magnone.

En noviembre de  1996, vino de visita a Uruguay, con su esposa Margarita, y entre otras cosas, me dijo que quería conocer el “chalet Yeruá”, y lo llevé allí, donde el ocupante, un Señor apellidado Aguirre, que falleció en el año 2010, dijo ser inquilino desde hacía cincuenta años, nos mostró solo la planta baja del inmueble, pues no podíamos subir porque estaba allí su esposa enferma y en cama.  El inmueble todavía se mantenía en aceptables condiciones, a pesar de su edad.   Al volver a su país, desde su espacio radial, reclamó insistentemente que se diera un destino útil al bien, relacionado con el tango. Hasta que su voz, a la que se sumó la prédica de la Academia del Tango de la República Oriental del Uruguay, y la gente del barrio, a instancias de la Alcaldesa del Municipio E, se promovió el desalojo por vencimiento del plazo. Las autoridades tomaron posesión del bien, en noviembre de 2012, y el Sr. Gonzalo Halty, entonces Director de Promoción Cultural de la Intendencia que tuvo reuniones con gente vinculada con la Academia del Tango de Uruguay y con expertos, informaba que el inmueble, “Si bien no está hecho un desastre, requiere una inversión importante para su conservación”.  Así la Intendencia debió incurrir en considerables  gastos de mantenimiento. Porque entendió “conveniente y oportuno” revertir la “situación de deterioro” debido a su valor “tangible e  intangible” así como su “ubicación privilegiada”, y el inmueble no puede ser demolido, por ser bien de interés municipal.  Hoy felizmente se ha llegado a un acuerdo con la Asociación de Propietarios de caballos de carrera y el bien, previa refacción, tendrá pronto un destino apropiado. Lo que no pudo ver el recordado Víctor Avero, fallecido el 22 de marzo de 2010, cuyas cenizas fueron repatriadas a su tierra, y fueron traídas por sus familiares, y esparcidas en las piedras de Playa La Mulata, que también tiene mucho que ver con “El  Mago”. Lugar elegido de común acuerdo de familiares con la Academia Uruguaya.

Yeruá es un Municipio al Nor-Este de la Provincia de Entre Ríos, un puerto distante a 33  kmts. de la ciudad de Concordia,  con escasa población que apenas supera mil habitantes. Que está en la desembocadura en el Río Uruguay del arroyo del mismo nombre, de 60 kmts. de extensión.

En 1835 se emplazó allí un escocés, Donald Campbell, para criar ovinos y producir lana que se embarcaba en el lugar con destino a Londres , desde un puerto propio, y la zona se  vio impulsada desde 1888 por el establecimiento en la zona llamada Jesús de Yeruá, de la Colonia Nacional Yeruá de inmigrantes de 17 nacionalidades.  El 5 de febrero del año siguiente, el Gobierno Nacional  mediante decreto habilitó permanentemente el Puerto de la Colonia Yeruá,  bajo la dependencia de la Aduana y de la Administración de Rentas de Concordia. Y actualmente tiene 1.700 habitantes.

El término Yeruá, deriva del Guaraní “Yahorá, que significa “Río de los porongos pequeños” por la abundancia de calabacillas en sus márgenes.

El propietario de ese chalet fue el compositor Francisco Maschio (Apodado “ El Brujo de Olleros”) que también lo era de dos studs:  uno en la calle Buenos Aires, también llamado “Yeruá”, y otro en Maroñas, Montevideo. En el primero fue la última vez que Gardel cantó para un grupo de amigos en Buenos Aires, el 5 de noviembre de 1933, en un asado y puchero criollo, organizado por Maschio, como despedida  de su partida a Europa, desde el puerto de  la capital argentina.

Al chalet de Malvín, mucho concurría por supuesto su propietario, pero también Carlos Gardel y el jockey Irineo Leguizamo (“el Mono” como le decía el zorzal), que gustaban veranear en Montevideo, alojarse allí, hacer asados, tener reuniones con sus amigos, en las que el tema principal eran los pingos, alimentar a los caballos, entre ellos “Lunático”, cuando concurría a entrenarse en las aguas y arenas de la playa.

Y seguramente también allí, en una de las llamadas “reuniones estuleras”,  cantó los versos de su autoría, con la música de “Esta noche me emborracho”, de Discépolo, donde, como lo dijo el recordado Romeo Otero Bosque en su libro “Preparáte p´al Domingo” (pags. 161 y sigs) se refería, con su habitual humor, a sus desventuras hípicas, en estos términos:  “ Maschio, Moreno y Cardinali/ me han dado requiesca in pace/ por gil y  por seguidor… / Miren si no es pa’ suicidarse/ que yo en once reuniones no acierte un ganador./ Linda peleando con Jolly Eyes/ De atrás cargó Golseeker y las peló/ Y esta noche me emborracho bien/ y espero bien mamao/ la otra reunión”. Es que Gardel como otros muchos cantores, era apasionado del turf, “metejones de todos los domingos…” Uno de sus “berretines”, como se le llamó en la segunda película  del cine argentino, protagonizada por Luis Sandrini: “Los tres berretines”.  Pasión burrera que tuvieron también Hugo del Carril, Agustín Magaldi, Alberto Gómez, (Autor de la “Milonga que peina canas” de 1942…)  No solo de tangos, pues también tuvo ese fanatismo, por citar uno grande, el estadounidense, actor de cine, cantor y músico Bing Crosby.

Es que la afición por las carreras estaba fuertemente arraigada  en la sociedad de las décadas finales del siglo XIX, era para las clases acomodadas una especie de status, signo de prestigio, y para las más populares, un entretenimiento y diversión pero también fuente de trabajo.

Al  ”Zorzal”, las carreras le dieron muchas amistades y emociones encontradas: alegrías y también broncas. Fue propietario de  dos studs: uno  de ellos “Las guitarras”, en sociedad con José  Razzano, y “Gardel C”. Y  ocho caballos en diferentes épocas, algunos en co-propiedad: “La pastora”, “Amargura”, “Cancionero”, “Theresa”, “Mocoroa”, “Guitarrista”, y “Explotó”.

Y “Lunático” que lo dejamos para el final porque fue su preferido y único titular y queremos referirnos a él. Era un alazán tostado, nacido el 20 de setiembre de 1922, en el Haras  “Ojo de Agua”, de Buenos Aires, hijo de “Saing Emilion y Goldn Moon. El que siempre canta mejor, persistentemente quiso tener un pura sangre y Maschio, a quien conoció en Maroñas en 1921, que le aconsejaba en sentido contrario, al final comprendió su aspiración y por  su intermedio adquirió este  caballo a precio muy conveniente, pues había sufrido un golpe, abonando dos mil pesos al contado, y tres mil más en cómodas facilidades. Ese golpe incidió para que su rendimiento no fuera regular.

Su primer stud fue el “19 de abril” recordando la fecha del desembarco de los Treinta y Tres orientales, propiedad de Antonio Araujo, chaquetilla naranja y verde a rayas horizontales, mangas y gorra verdes;  desde 1926, en el “Yeruá” de Maschio, caballeriza que corría con chaquetilla color oro y mangas lilas.

El fallecido pero nunca olvidado folclorista Oscar Valles, reconocido autor y compositor argentino, amante de la música cuyana, había empezado a componer un tango, que no terminó  por fallecimiento  del músico, que comenzaba así: “Era el stud de Maschio, por la década del veinte/ albergue de pur-sang, poetas y cantores/ Hoy que lejos todo eso, que vacío y ausente/ el duende del recuerdo, nos devuelve sus flores…”

Lunático debutó en Palermo con los colores de la caballeriza uruguaya “19 de abril”,  el 26 de abril de 1925, montado por “el pulpo”, el uruguayo de Arerunguá, al que llamaban en esta forma pues cuando montaba parecía tener ocho brazos, saliendo tercero en una carrera de 1.200 mts.  Corrió un total de 36 carreras, la mayoría en Palermo y diez en Maroñas, ganando diez,  llegando segundo en seis, tercero en ocho, cuarto en seis, quinto en una y no figurando en cinco. En muchas de ellas no pudo estar presente su propietario, por encontrarse en giras artísticas, pero estuvo sí permanentemente informado.

A dejar de correr en octubre de 1933, fue llevado como reproductor a un establecimiento rural de Soriano, y uno de sus dos hijos, “Gaucho Pobre”, ganó un clásico en Las Piedras en aniversario del 18 de mayo, por lo que se decía que él y Artigas eran los únicos que habían triunfado en Las Piedras. Murió en la Estancia “Dos Marías” del Señor Eugenio Milans, en el año 1938.

Cuando, terminaba de cantar “Leguizamo solo” de Modesto Papávero, escrito en 1921, Gardel se acuerda de su compositor, del jockey y del caballo: “Bueno, “Viejo Francisco”, decile al “Pulpo” que a “Lunático” lo voy a retirar a cuarteles de invierno,… ¡ ya se ha ganado sus  garbancitos!  Y la barra… completamente agradecida. Sentí la barra”.   Y esa barra, que eran los guitarristas, gritaba “Mu y bien”, y el zorzal se despedía con su tradicional “salute”.

Hay un tango para piano y canto de Guillermo Barbieri, música, y Eugenio Cárdenas, letra, titulado “Lunático”, que no lo grabó Gardel como lo hizo sí con otros de la misma dupla.

En la foto vemos a Víctor Avero, con la legendaria Nina Miranda y el que esto escribe, cuando fuimos al acto en que la recordada artista volvió a cantar después de muchos años en que había dejado de hacerlo.

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