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Nada bueno en el nuevo horizonte global

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Por Marcelo Rossal – Antropólogo. Docente e investigador en la Universidad de la República.

No hace mucho tiempo había un mundo bipolar: los Estados Unidos y la Unión Soviética pugnaban por establecer su hegemonía. Atrás de estos Estados súper poderosos se encolumnaban muchos otros. Estados Unidos decía defender la Libertad, la Unión Soviética decía defender la Igualdad. Ambos Estados, de todas formas, traicionaban en la práctica sus propios principios. En lo que a nosotros toca, latinoamericanos, Estados Unidos, defensor de la Libertad, prohijó dictaduras feroces que eliminaron la Libertad y cegaron la vida de miles de latinoamericanos, en general defensores de la Igualdad. La Unión Soviética también defendió a Estados que estaban decididamente en contra de la Igualdad en otras zonas del mundo, como Asia o África.

En ese contexto de Guerra Fría, los países pobres del mundo, aparte de empobrecerse más, se vieron envueltos en distintos conflictos armados que produjeron gran destrucción de vidas humanas. De todas formas, se luchaba por principios universales que podemos entender como buenos: quienes defendían la Igualdad podían recorrer Latinoamérica, reino extremo de la desigualdad a la vez que de la falta de Libertad, y demostrar la necesidad de una revolución. El Che Guevara lo hizo y por ello lo recordamos. Hoy día podemos ver los hechos en otra perspectiva y reconocer los daños de esta estrategia, pero había buenos principios en juego. Incluso en los antagonistas de la Igualdad. En los años sesenta la CIA aportó recursos para ciertos foros intelectuales a favor de la Libertad. Desde el campo de lucha por la Igualdad se denunciaba a estos foros como parte de una estrategia imperialista, pero en estos foros se hacía apología de la Libertad y no del racismo, la xenofobia y el fundamentalismo.

Tampoco olvidemos que ese mundo bipolar había vencido a los nazis, y que los vencedores se hallaban entroncados, en cuanto a principios, con ciertos valores universales que se habían impuesto en Occidente en tiempos de la Ilustración: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

También en ese contexto había una Tercera Posición y Países No Alineados. Esa posición de no aceptar a ambos polos y denunciar sus inconsistencias fue muy fuerte en el mundo hasta los años ochenta. De todas formas, en todas partes era muy difícil escapar a la contradicción mayor entre los dos polos dominantes y las experiencias que buscaban aunar Igualdad y Libertad acaban por lo general asumiendo posiciones que los acercaban a un polo y alejaban del otro. De todas formas, insisto, había buenos principios en juego.

Hoy día, todo eso parece perdido y el juego entre potencias parece responder a la mera eficacia: lograr determinados resultados que beneficien directamente lo propio (la Economía mía y de mis aliados directos) y, si es necesario, hundan al eventual rival. Ud., amable lector, podrá preguntarse si esto no era así antes. Claro que era así, pero ahora los principios en juego no son buenos. Y no vaya a creer que porque Rusia se enfrente a Estados Unidos, los rusos son buenos, o viceversa. Hoy día quienes gobiernan en Rusia no tienen problemas en usar la fuerza militar enorme que tienen para lograr lo que el tamaño de su economía no permitiría: ser un actor global de peso. Y Donald Trump admira eso, al mando de un país que, además de una fuerza económica enorme, tiene una fuerza militar aún mayor que la de Rusia.

Usted a esta altura podrá pensar: “pero qué ingenuo este muchacho, ¿acaso Obama no era lo mismo?” Le contesto que no. Obama, que ordenó bombardear países y que contribuyó a enormes daños entre distintos países pobres, que luego de estas intervenciones hoy son mucho más pobres, como Libia, por ejemplo, no es lo mismo que Trump: Obama decía basar su accionar en buenos principios y esto no es trivial.

Donald Trump, en cambio, es transparente y actúa como un empresario que busca la eficacia por todos los medios sin basarse en principios universales: hacer muros para evitar “indeseables”, quedarse con el petróleo de otros, usar la fuerza militar para imponer políticas. Y lo peor es que la gente que lo votó, lo hizo en base a esta absoluta falta de principios. O basada en lo que estimo malos principios, como el cristianismo fundamentalista, el racismo y las nuevas agendas conservadoras que atentan contra los derechos de las mujeres y las minorías. O sea, principios contrarios a todo avance civilizatorio que aúne Libertad con Igualdad.

Lamentablemente estas posiciones fundamentalistas, contrarias a la Libertad y la Igualdad, cobran nuevo impulso en el mundo y están presentes tanto en los gobiernos de Trump como de Putin. Y en el Estado Islámico, claro está.

Aún no sabemos quién atentó contra el Borussia la semana pasada, pero da igual si fue el llamado Estado Islámico o los neonazis, pues tanto a neonazis como a fundamentalistas religiosos los aúnan los mismos sentimientos de fobia al Otro, que los aurinegros alemanes se han decidido a enfrentar.

Uruguay tendrá, a partir del mes que viene, la responsabilidad de ocupar la presidencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, esperemos que nuestro representante sea hábil a la hora de reducir el daño en el mundo y defender los principios que la amplísima mayoría de los uruguayos defendemos: la Libertad de los pueblos para elegir a sus gobernantes, la Igualdad de derechos de todos los ciudadanos del mundo y la Fraternidad, especialmente con los que tienen creencias distintas a las nuestras. Para defender estos principios, de la mejor manera y en la práctica, nuestra diplomacia deberá tener en cuenta que entre los actores más poderosos hoy las cosas están muy difíciles, pues no se apoyan en buenos principios. Los aliados a tener en esta política son ciudadanos del mundo como los hinchas y jugadores del Borussia Dortmund que dan la bienvenida a los refugiados y rechazan al racismo.

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Imagen tomada de: http://www.101greatgoals.com/blog/respect-borussia-dortmund-fans-display-banners-condemning-racism-and-discrimination/

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