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No podemos seguir así

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Por Mario Morosini

No culpo a nadie. No tengo derecho. Pero me pegó muy fuerte el homicidio de Felipe. Un niño solamente de 10 años. También es triste la muerte de su matador, un joven que sufría un desequilibrio por lo menos emocional. Tengo que suponer que estaba enfermo o muy perturbado y hoy, según los últimos datos, profundamente enfermo. No conocía a ninguno de los dos. Pero forman parte de un mismo drama. Nos conmueve el niño obviamente. Su matador a medida que pasan las horas y se conocen detalles, genera rechazo, pero no deja de ser una persona desequilibrada.

Ahora la pregunta que me hago y donde me incluyo con parte de  culpa, por integrar una sociedad que está pasando por una etapa para nada positiva, donde importa lo mío o trato de solucionar lo que me corresponde y si lo soluciono más o menos tampoco importa, conque me sirva a mí es suficiente, así se jodan los demás, me lleva entonces a preguntarme ¿cuándo vamos a parar de caer en este pozo moral?.

Esa no es la sociedad que soñé. No la quiero para mis hijas y mis nietos. Están buenísimos los adelantos tecnológicos, los alcances inimaginables hace algunas décadas atrás de la globalidad, todo eso puede estar muy bien, y ser aceptado como parte de este nuevo siglo que estamos comenzando a vivir, porque recién llevamos 17 años del mismo.

Creo firmemente que estamos mal. Me dirán, la macroeconomía es espectacular, más si la comparamos con nuestros vecinos, pero eso no me alcanza.

Lo vivo y sufro a diario como Concejal Vecinal. Alguien dirá ¿y qué tiene que ver la actividad de Concejal Vecinal con la muerte de Felipe o la enfermedad mental que sufrió el asesino del niño?. Seguramente no tiene relación mínimamente comparable.

Ahora, si nos ponemos a pensar en profundidad, creo que hay un punto de encuentro.

¿Cuál es?  Sencillo, cada pedido, cada necesidad de un vecino, de un ciudadano, cosas simples, tienen demoras, falta de respuesta, yo diría que todo tiene relación de lo que explicaba líneas arriba: no nos escuchamos. Lo demás o lo que le sucede al otro, poco importa.

Ocurre en todas las áreas. Pongo el ejemplo del mi rol como Concejal porque es el que me toca en forma directa. Para que se solucione el levante de unas bolsas negras, con ramas en una calle hasta un expediente tuve que iniciar y pasaron más de tres semanas en que se solucionara el tema.

Pero pasa todos los días, en diferentes temas simples, sencillos, es salir a la calle y morderse el labio inferior casi hasta lastimarlo, tratando de no reaccionar inadecuadamente ante la grosería, los malos modales, la falta de respeto por el prójimo.

Claro, luego prendo la televisión y me encuentro con programas que nos dan la respuesta de lo que está sucediendo que cambió mucho, negativamente en muchos aspectos que hacen a la relación humana. Programas huecos, hasta alejados de la cultura que nos hiciera en un pasado diferentes a sociedades de países hermanos. La guaranguería predomina.

Poniendo otro ejemplo para que se trate de entender lo que quiero expresar. Se produce el asesinato de una mujer en manos de su pareja o ex pareja. Al conocer los detalles nos encontramos que la mujer denunció a su compañero más de una vez. Nadie la escuchó. O nadie le supo dar una solución. O se solucionó con el inicio de un expediente. Y ahí termina la cosa o mejor dicho, termina en un cajón, como tantas otras cosas.

Sucede que una poda es muy distinta a la vida de una persona, pero si rascamos forma parte de lo mismo: hay muchos oídos sordos. El grito de auxilio de la víctima se termina apagando con la vida de quien sufre la muerte en manos de un tercero. Y parecería que se terminó el problema.

Acepto que se diga que estoy confundido. También que mezclo temas. Puede ser. Los siento así. En lo personal estoy aburrido de leer sobre planes pilotos que se realizan, talleres, mesas redondas, debates de especialistas, conferencias incluso con invitados extranjeros y poco se avanza o por lo menos creo que es enorme el gasto y pocos los resultados. Aburrido de escuchar que estamos mal en la educación. Y nos preguntamos acaso ¿si cumplimos correctamente los roles que tenemos en nuestras vidas, sea como padres, profesionales, docentes o trabajadores?

Cuando hablamos de la macroeconomía y paralelamente veo a jóvenes tirados en un cantero o una esquina, tapado con trapos, sucios, en harapos, pidiendo una moneda o buscando en un contenedor algo que no sé qué es, y me dicen como explicación simple ”están vencidos por la droga” o algunos que se jactan de progresistas y afirman “sucede que la libertad de estar así nadie se la puede quitar”, confieso que no me adapto, además de generarme una tristeza profunda. Y es cuando pienso que vivimos en una sociedad que está enferma y de la cual soy parte y hasta posiblemente culpable.

 

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