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Atahualpa Yupanqui: su profunda relación con Uruguay

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Por Dr. NELSON SICA DELL´ ISOLA

De nombre real Héctor Roberto Chavero Aramburu (1908-1992), cantautor, guitarrista, poeta y escritor, es una de las figuras más importantes del folclore argentino,  queremos referirnos a su vínculo con Uruguay cuando se está por cumplir, el próximo 23 de mayo, los 25 años de su fallecimiento.
Su primer contacto fue con el uruguayo Romildo Risso Sanchez (1882-1946, que desde 1910 hasta 1938 vivió en Argentina), una de las voces más importantes de la poesía gauchesca uruguaya, narrador y poeta, autor entre otros de la popular letra  “Los ejes de mi carreta”, a la que Atahualpa puso música. Y bien unidas ambas se apoyaron recíprocamente para hacer una de las canciones folclóricas de mayor popularidad. Y también esparció por el mundo musical, muchos otros poemas de Risso.

En 1932, habiendo participado en una rebelión frustrada en apoyo a Hipólito Yrigoyen, debió salir   de su país y se exilió en Uruguay. Pero pensando que Montevideo tenía como Buenos Aires muchos prejuicios  que no le permitían detenerse a escuchar el canto de un paisano que cantaba cosas humildes de su tierra,  con la hospitalidad recibida dejó vivas imágenes de aquellos días en el “paisito”, a través de una bellísima composición, llamada y escrita así: “Poema para un dulce nombre” : “Que bello nombre es tu nombre, Uruguay, Sonoro como una fruta salvaje, de áspera piel, apretada de jugos, sol y carne, con sangre azucarada, Voz de paisajes, de escondidos ríos/ Voz para que la digan los hombres en la noche como una consigna, una sola divisa desplegada. Uruguay…”
En el Libro autobiográfico “El canto del viento” escribió: “Escucho a jóvenes cantores de hermosa voz y simpática apariencia que andan por ahí entonando cantares de Brasil, de Argentina, de México, de Chile… No está mal pero está mal. Es que no se han hecho amigos del viento. Es que no han aprendido la gran lección de los desvelados… Y son uruguayos. Y aman a su tierra. Pero la urgencia de vivir les va acortando la vida. Y han de pasar por la tierra  sin haberla traducido”.

Y a mediados de la década del 40, con Perón en el Poder, fue acorralado, detenido y torturado, tanto que le quebraron un dedo de una mano para que no pudiera tocar más, aunque equivocaron la mano, pues le afectaron la derecha y él era zurdo.  Así se exilió nuevamente en Uruguay, donde por primera vez cantó en otro idioma, pues en agosto de 1945 cuando se anunció la liberación de París, entonó la Marsellesa.
También conoció en profundidad y admiró la figura de José Gervasio Artigas. Y algunos de los dichos del Jefe de los Orientales y Protector de los Pueblos Libres, empezaron a ser parte de su propia filosofía. Y en su tierra dijo: “Siempre admiré una frase que me hubiera gustado que fuera de este lado, pero nació enfrente, en el Uruguay. Es algo que una  vez dijo Artigas: Con libertad no ofendo ni temo. Todos sus discursos tenían la inspiración de un paisano, por eso son me extraña esa hermosa frase. Y años después cristalizó su admiración, incluyendo las palabras de Artigas en uno de sus versos en los que alude a la libertad que surge del interior del hombre:  “Si alguno quiere saber/ donde está la libertad/ la respuesta es muy sencilla/ adentro de uno, quizás…/ libre no ofendo ni temo/ dijo un caudillo oriental/ hombre de valor probado/ en la guerra y en la paz/ alta palabra sagrada/ con fuerza de eternidad/ la ha de cantar el más pobre/ aunque no sepa cantar/ junte el alma sus corajes/ y no mire para atrás/ ¡brillará mejor la vida/ si brilla con libertad!”.
Atahualpa conoció y  respetó a dos grandes cantantes uruguayos: Amalia de la Vega y Santiago Chalar, con quienes lo vemos en la foto.  Y también cultivo una relación, de la que no se saber  mucho, con el andariego poeta salteño Víctor Lima, autor de varios de los clásicos que entonan los Olimareños, con Aníbal Sampayo y con el guitarrista clásico Oscar Cáceres, con quien, en los años 70 recorrió Europa en compañía también de Pedro Soler, en un espectáculo que denominaron “Tres guitarras, tres amigos”.

En una oportunidad, fue entrevistado para el mítico Semanario “Marcha”, por el entonces joven que lo admiraba y hacía sus primeros trabajos como periodista Alfredo Zitarrosa, publicada el 4 de febrero de 1966, de la que publicamos algunos fragmentos: “Hubo que verlo subir al escenario, sentarse allí, delante de una concurrencia monstruo, atravesar la guitarra zurda y acomodar en ella sus dos manos cuarteadas,  torcidas como las manos de un reumático, para preludiar una milonga en re menor. La noche del debut, el domingo, cantó las coplas del payador perseguido, una versión nueva de tamaño reducido con algunas coplas recién hechas. Sobre la plaza bajo un silencio hondo, que solo se interrumpió con el aplauso estruendoso del final… Habla y escribe el francés, es periodista, ha sido boxeador en su juventud y en su casa del Cerro Colorado, tiene todo lo que le hace falta: piano, libros, caballo, paisaje  silencio. Así dice. La casa se llama “agua escondida”  el mismo nombre de una de sus zambas más hondas. (Esta zamba es autoría de Antonieta Paula Pepín, esposa de Atahualpa, conocida como “Nenette”. Figura en los registros como obra de “Pablo del Cerro”, seudónimo escogido por la autora, Pablo (masculino de su segundo nombre) y Cerro porque vivían en Cerro Colorado, de la Provincia de Córdoba.)
¿Qué cosa es el folclore don “Ata” le pregunta. Y contesta: Cantar folclore consiste en ahondar el paisaje. Hacer folclore. Hay un aire en Italia, un aire ruso, un aire argentino, venezolano, yanqui. Algunos dice “ouí”, otros  “da”, otros “ya”; nosotros decimos “Aja”…  Hay que profundizar nuestro “aja”…

Y pese a ser un hombre no propenso a los elogios, destacó la dimensión que como poeta alcanzó Osiris Rodríguez Castillos, una de las voces más importantes ligadas a la canción de raíz folclórica del cono sur.
Pero tal vez la mejor definición de lo que sentía hacia la gente del Uruguay, se la hizo en París, el escritor Enrique Estrázulas, cuando al verlo en un restaurant de la Rue Moustard, y antes de saludarlo le preguntó si lo recordaba. Con su particular estilo, Atahualpa le contestó: “un argentino no es tal, sin un amigo oriental”.
Partes de esta nota fueron tomadas de publicación en “Diario Clarín” de Buenos Aires, del 26 de mayo de 2012.  Que tuvo la amabilidad de enviarme poco antes de su muerte, el siempre bien recordado Dr. Luciano Londoño, desde Medellín. Con el que he compartido muchas cosas, entre ellas la coautoría en el libro “Gardel es Uruguayo”, junto con otros ocho escritores.

 

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