Hora local en Montevideo:

La burocracia está en nosotros

0

Por Mario Morosini

En términos generales, algunos más otros menos, los uruguayos somos burócratas. Nos pasamos el día criticando a la burocracia del Gobierno, de los Ministerios, las Intendencias, los lugares donde tenemos que hacer trámites y luego, cuando tenemos que actuar, somos los primeros burócratas.

No todos claro, pero sí la gran mayoría.

Sea el grupo o colectivo que sea. Lo digo por experiencia propia y por los años en que vengo observado ese estilo tan nuestro.

En un colectivo hay una sola forma de manejarse que es aceptada, incluso con el silencio de otros participantes. No importa si las “reglas de juego” estén perimidas en el mundo actual. No se cambia y punto. Es como “palabra de Dios”.

Quien pretenda generar cambios, es tildado de loco o persona que está por fuera de la forma “normal” de actuar. O sea, como se actuó siempre. Y  en cualquier colectivo, hay un núcleo duro donde predomina la “chacrita”, el cual ni siquiera está compartimentado expresamente, pero sí responden sus integrantes, sea con acciones o como decíamos, acompañando con el silencio,  en la misma forma de actuar.

Es imposible cambiar algo. Sucede en casi todas las áreas de nuestra sociedad.

Voy a plantear de ejemplo un tema que parece menor, pero no lo es. Leía hace pocos días una nota que le hiciera El Observador a cuatro futbolistas profesionales que están terminando sus estudios. A punto de recibirse, incluso uno de ellos se recibió de abogado, pero, claro, tuvo que dejar de jugar. Siempre tuvieron impedimentos. En general de directivos y de técnicos, algunos de ellos que “hacen buenas declaraciones” en los medios cuando los entrevistan y parecen personas justas. Pero también tuvieron obstáculos en las mismas instituciones donde estudiaban, más en las públicas que en las privadas.

Hay un programa, creo que se llama “Pelota al medio a la esperanza” , que trata de que los futbolistas de divisiones formativas, donde está comprobado que llegan a ser luego Godín, Cavani o Suárez un porcentaje mínimo, o sea pueden salvar su futuro solamente algunas pocas decenas. Es un programa que está muy lindo en la teoría, pero luego en la práctica se les hace casi imposible de desarrollar, está la frase, decían los entrevistados: “estudiás o jugás al fútbol”. Y una carrera de seis años, les lleva más de una docena de años, si logran, con voluntad, superar todas las barreras que les imponen, no solo a nivel del fútbol, sino también en los lugares de estudio donde muchas veces no les habilitan mesas de exámenes.

Y eso se repite en todas las áreas. También es cierto que no siempre es la institución la que genera la burocracia, sino el mismo funcionario que impone su propio ritmo y que termina generando más dificultades que las legales, solamente porque su actitud está impregnada de ese ADN burocrático que casi todos llevamos con nosotros.

La frase de los veteranos hacia los jóvenes más común es “nada se logra sin esfuerzo”. En parte es cierto, pero si ese esfuerzo se pone en tratar de superarse a uno mismo, en cultivarse, en trazar un plan y cumplirlo, eso es hasta lógico y podríamos decir justo. Pero de ahí que ese camino a transitar, otros los llenen de espinas, de vallas, el esfuerzo no es el natural, sino que está impuesto por una sociedad que está inundada de burocracia.

¿Nunca se pusieron a pensar el por qué cuando se anuncia una obra, por ejemplo un puente, se dice estará pronto en 4 años? Ni las hormigas demoran 4 años en hacer un puente, solamente los uruguayos con su enorme burocracia, con técnicos meses estudiando planos, con licitaciones que nunca terminan, con informes de distintos organismos que hay que buscar y hacerle el seguimiento al expediente una y otra vez para que no se pierda en algún cajón. En fin, es nuestra realidad. Es posible que sea duro, también suene a exagerado, para mi es la realidad. Estoy convencido que la burocracia está en nosotros..

Y termino con algo que me ocurrió hace unos días. Se estaba produciendo un hecho violento entre dos indigentes, hurgadores, hombre y mujer, que se agredían en una esquina de Punta Gorda. Obviamente estaban ebrios. Y se pegaban mal ambos. Cuando el hombre paraba su ataque, era ella que arreciaba. Llamé al 911. Me empezó a preguntar quien me atendió, cómo estaban vestidos, le dije más o menos las características y no conforme con eso, me dice “¿tiene algún dato más?”. Bueno, confieso que me enojé, y entonces optó por cortarme. Intenté interceder en la pelea y se calmó algo la situación. Luego llamé nuevamente al 911 y me cambiaron al interlocutor y me dijeron que “va un móvil para ahí”. No sé cómo terminó porque mis acompañantes se pusieron muy nerviosas y me pidió irnos. Las dejé y regresó a los 10 minutos,  la mujer estaba sola, simplemente con el carro de basura, tratando de superar su embriaguez. Es posible que el patrullero se hubiese llevado al hombre. Llamé para informarme y me respondieron que el trámite lo tenía que hacer y averiguar en la comisaría cercana. No me dio ya ganas, desistí y seguí con mi vida.  Me parece fantástico el 911. Y que se filtre todo lo que se quiera filtrar. Llamo de mi celular. Si miento al denunciar, que se puede comprobar, entonces que se me sancione. Pero si estoy informando sobre un caso violento, me parece que hay preguntas que están de más y forman parte de una planilla que determina o se suma a la burocracia que traté de describir en toda esta nota que puede parecerle a algunos lectores equivocada, aunque creo que estoy en la justa definición del título de la misma. Y nos cuesta cambiar.

 

Déjanos tu Comentario


*