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La Cumparsita

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Por Dr. NELSON SICA DELL´ISOLA

Y EL APORTE DEL Dr. OVIDIO RUBEN TOMASCO SCHULTZE

En el año de su centenario, mucho se ha escrito sobre el tema, además –por cierto- de la obra de la Sra. Rosario Infantozzi Durán, sobrina nieta del Matos Rodríguez, su libro “Yo Matos Rodríguez, el de La Cumparsita” de lo cual hay incluso un buen cortometraje de 22 minutos.  Pero me ha parecido interesante, no olvidar el aporte del Dr. Tomasco, por considerarlo de estricta justicia,  en su libro escrito en junio de 2005, cuya tapa incluimos en esta nota, con algunas diferencias con la tapa de la primera edición de este tango, realizadas por su hija Ivanna Haydée. Texto que, el mismo Tomasco también lo trazó en versos. Escribió desde su adolescencia, versos para murgas y relatos cortos, y más adelante, una serie de relatos sobre personajes populares de su terruño, titulados “Retratos Duraznenses”, muchos de los cuales he publicado en diversos medios. Rescatando del olvido a personajes populares que existen en todas las ciudades de tierra adentro.

El Dr. Tomasco, nació en Durazno en el año 1937, se recibió de médico en el año 1967, hizo post grado de pediatría ejerciendo su profesión en Montevideo. Contrajo matrimonio con Haydée Introini Araujo, por lo que pasó a ser yerno del Dr. Roberto Introini, entonces estudiante que se recibió de médico en 1921, y fue uno de los amigos más íntimos de Matos Rodríguez.  Los Dres. Tomasco e Introini, eran médicos, pero también grandes tangueros y gardelianos, por lo que sus contactos y conversaciones eran permanentes. Así los relatos de Tomasco, “son de primera mano” como lo dijo otro médico y tanguero el siempre recordado Dr. Héctor Bello Schmitt. Incluso fue Introini , quien le sugirió llamar al tango “La cumparsita”, pues “Becho”, pensaba llamar su obra como “La caldera” (la de tomar mate”). Y cuando falleció Matos Rodríguez estaba con la única  compañía de su suegro.

Becho fue no solo el autor, sino también el primero en tocarla en un viejo y destartalado piano alquilado por la Federación de Estudiantes, para sustituir otro que le habían embargado por deudas de alquileres, un año antes del estreno por Firpo, y ya se tocaba noche a noche en el “El Sportman”, café propiedad de Besada frente al Teatro Solís, en la proa de las calles Bartolomé Mitre y Bacacay.

El 3 de mayo de 1914 se había creado la “Liga Universitaria de fútbol”, y en 1915, entre farras juveniles e incluso timbas, se fundó  la “Asociación de Estudiantes de Medicina”, transformada al año siguiente en la “Federación de Estudiantes del Uruguay”. Y sus primeras huelgas, y aún algunos detenidos, fueron en luchas para instituir la “Semana de la Primavera”;  para ello alquilaron para  sede una casa en la calle Ituzaingó entre Buenos Aires y Reconquista, vecina al “Bajo de Yerbal”. Y así comenzó a salir en primavera, y más adelante por primera vez en un carnaval en 1917, una troupe o comparsa, que llamaron “Los Bolcheviques”. Era un conjunto coral, del que formaba parte “El Pato Pequín”,  como muchos apodaban a Becho por no tener dinero y ser grandote alto, desgarbado y de andar tranquilo, como los patos de esa raza. Los estudiantes llevaban un estandarte que arriba decía “Venimos del bajo”…  “ Ysnzo” (se refería a un paraje de Italia que limitaba con Austria, donde en esos momentos se libraban cruentos combates durante la primera guerra mundial). El estandarte era sostenido con el mango de un plumero y de un extremo de este colgaban unas zanahorias. Y fue hecho por los mismos estudiantes con la tela de una bombacha o calzón de aquellos antiguos que les proporcionó una meretriz del bajo de yerbal, conocida como “La rosarina”;  y abajo “Federación de Estudiantes del Uruguay”. Así era el estandarte original, algo distinto al que aparece en la carátula de la primera edición de la partitura de este tango. En su diseño, aparecen desfilando por el corso, muchos veteranos “bachilleres”, caricaturizados y vestidos de etiqueta, de izquierda a derecha, primero Roberto Introini, con corbata de moña, luego Andrés Suárez y más atrás Aristides Lupinacci.

El tango “La cumparsita”, la milonga “La Puñalada” de Pintín Castellanos, y el vals “Desde el Alma” de Rosita Melo, fueron creados por tres uruguayos, y son verdaderos íconos, representativos de esos tres ritmos. Los dos primeros quedaron hermanados para siempre, grabados juntos por Juan D´Arienzo. Vendiéndose alrededor de 22 millones de placas. Como cada una medía 25 cts. de diámetro, si las ponemos en fila, según cálculos del amigo  Jorge Debroque (Presidente de la Comisión de Homenajes a D´Arienzo, gran estudioso y coleccionista) haríamos una línea de 5.500 kilómetros. ¡Sí cinco mil  quinientos!

En el caso de “La Cumparsita”, fue incluso dispuesto por Ley, ya que la Nro. 16.905, del 2 de enero de 1998, aprobada por unanimidad en ambas cámaras, declaró “Himno Cultural y Popular de nuestro país a la música  de “La cumparsita”, según proyecto presentado el año anterior, con motivo del centenario del nacimiento del autor, para decir al mundo que, esta música que hoy pertenece a toda la humanidad,  nació en nuestro país, donde la compuso un joven estudiante. Y se le llamó himno, porque ya en la Edad Media hasta nuestros días, este término se refería no solo a canciones de origen patriótico o bélico, sino también a músicas y canciones populares. Se reconoció en esta forma un hecho real, pues es un tema que ha recorrido y ha sido grabado en el mundo entero, símbolo de nuestra cultura, nacido en el seno de nuestro pueblo, siendo así un elemento más de nuestro identidad nacional. Esta Ley buscó también evitar equívocos, como los suscitados, por ejemplo, en ocasión de los Juegos Olímpicos de Sydney del año 2000, donde la delegación argentina lo usó en la ceremonia inaugural. Lo que también sucedió en la Exposición Universal de Sevilla en 1992, y en 1994 en la ceremonia de apertura del mundial de fútbol en los Estados Unidos, todos los cuales motivaron quejas del Gobierno Uruguayo.

Con más de mil versiones grabadas por orquestas e intérpretes reconocidos en todo el mundo. Incluso por Piazzola que, a pesar de haberla denostado, con arreglos por cierto, la grabó cuatro veces.- Es que como lo dijo Horacio Ferrer “le introdujeron toda clase de ornatos, producto muchas veces de ejecuciones “a la parrilla”, es decir improvisando incluso en los arreglos, contracantos, pasajes contrapunteados  y  variaciones de la más diversa invención. El último que he conocido recientemente, es en el CD del bandoneonista y director admirado en todo el mundo, Héctor Ulises Passarella, titulado “Tango sinfónico” , que a los tres minutos que dura la pieza original, llevó el tema al doble: 6 minutos. Porque como lo dijo Francisco Canaro,  “tiene la particular virtud, de que la estructura de su música se presta maravillosamente  a ser enriquecida por orquestaciones de mayor vuelo”. Ese plus es la creación del intérprete. Y entonces cada director tiene su propio arreglo, su versión personal del celebrado tango. Y orgullosamente está persuadido, de que su autorizada interpretación es la mejor que existe”.

Como en sus estrofas iniciales dice la “Glosa a la Cumparsita” que en primera persona escribió Oscar Olivetti: “Yo nací en Montevideo, capital del Uruguay, fue mi padre un oriental Gerardo Matos Rodríguez”. Agregando al final: “Soy oriental como el mate, don José Artigas y Obdulio, el candombe, las llamadas, Peñarol y Nacional. Cuando mis notas resuenan con un alarde triunfal, todo el mundo va a la pista, nade queda sin bailar”.-

Y los autores argentinos Héctor y Luis Bates, nos dicen que “La cumparsita es el tango, porque ha condensado su maravillosa sugestión”.  Siendo así el más conocido en todas partes lo que en términos lunfardos se dice “más manyado que el tango La cumparsita”.-

Esto nos ha traído al recuerdo algunas anécdotas: En 1924, los uruguayos que se clasificaron Primeros Campeones Mundiales Olímpicos de Futbol en Francia, Y ha trascendido, que cuando en el estadio recibieron el título, la orquesta no podía tocar el himno uruguayo porque no lo había ensayado, ya que nunca pensaron que nuestro país ganaría el torneo, entonces el embajador le preguntó al director si no sabían tocar La cumparsita, y recibiendo respuesta afirmativa, se tocó en su lugar el bien llamado himno de los tangos. Así lo relató el Embajador Uruguayo en Santo Domingo, Dr. Édison González Lapeire en carta del 3 de abril de 1979, dirigida al Sr. Erasmo Silva Cabrera (AVLIS).

Y hay más, porque por la noche, los jugadores  fueron a un local donde actuaba la Orquesta del uruguayo Francisco Canaro. Y cuando este comenzó a tocar este tema, el “vasco” Cea ante los primeros acordes, se puso de pié y firme, en pose casi militar, e interpelado por sus compañeros por esta actitud, les dijo “pero no manyan que es el himno nacional uruguayo”.-

Treinta años después, en 1954, los recordados Luis Víctor Semino como comentarista, y el relator Carlos Solé, concurrieron a un espectáculo musical, en Suiza donde habían concurrido como periodistas al campeonato mundial cumplido allí,  y sucedió que el conductor de esa velada anunció “ahora van a escuchar al himno de los tangos argentinos, la cumparsita”.  Provocando la réplica de Carlitos Solé que increpó al conductor diciéndole: “Usted es un atrevido, el tango La cumparsita es uruguayo”. Al día siguiente volvió a repetirse lo mismo, por lo que Solé, parándose nuevamente  le dijo: “Usted es doblemente atrevido, ya le dije anoche que ese tango es uruguayo”.-

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