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Primer Archivo Oral de la Memoria

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El pasado martes 7 de noviembre se presentó el Archivo Oral de la Memoria en la Intendencia de Montevideo. El primero del país en su tipo, desde hace un año está trabajando sobre la Colección de Testimonios de personas que estuvieron detenidas en el Centro Clandestino de Detención y Tortura 300 Carlos de la ciudad de Montevideo.

De a poco el Salón Rojo se fue colmando de gente. A minutos de empezar la presentación, todas las sillas estaban ocupadas. Muchas por personas que ya han brindado su testimonio para el Archivo, que forman parte de las 43 entrevistas realizadas por el equipo del Archivo Oral de la Memoria que funciona bajo la coordinación de Ana Sosa y depende del Museo de la Memoria. Familiares de los entrevistados y de los integrantes del equipo del Archivo e integrantes de distintas organizaciones de derechos humanos fueron la mayor parte del público presente; que permaneció atento y emocionado con cada una de las presentaciones que se realizó a lo largo de dos horas.

Elbio Ferrario, director del Museo de la Memoria, relató la historia del surgimiento del Archivo Oral planteando los principales objetivos del mismo: producción y preservación de archivo, y función educativa. En un video institucional, integrantes del equipo compartieron algunas definiciones y metas de trabajo:

“los centros clandestinos son edificios políticos”, “que empiecen los sitios a decir lo que ocurrió en este país”, “usar el archivo audiovisual para leer más allá de la palabra dicha”.

Antonia Yáñez, presidenta de la Asociación de Amigas y Amigos del Mume, fue la segunda oradora de la instancia. “El Museo no se entiende sin la Asociación”, fueron sus primeras palabras, y luego de celebrar que este sea el año en que Museo y Asociación cumplen 10 años, de realizar un recorrido sobre las luchas que se vienen impulsando junto a otras organizaciones y algunas de las conquistas logradas, se detuvo.

Dejó de lado los papeles que orientaban su presentación y dijo “creo que no he sido lo suficientemente clara en la presentación, para nosotros es una gran celebración la creación de este Archivo Oral”. El público respondió con un gran aplauso, con risas y algunas carcajadas. Es que son 40 años de silencio, claro que sobran las razones para festejar esta iniciativa.

“El Archivo Oral es un debe que tenía la sociedad uruguaya. Es importante que ahora puedan hablar y ser escuchados” aseveró Ana Sosa, coordinadora del Archivo. A su cargo estuvo el detalle minucioso del trabajo que productor, entrevistadoras/es y camarógrafos/as realizan para registrar los testimonios de sobrevivientes del 300 Carlos o Infierno Grande. Partiendo de una breve y poco rigurosa lista de personas que fueron llevadas a ese Centro Clandestino, a un año de trabajo se cuenta con la lista de nombres de entre 500 y 600 personas que estuvieron allí detenidas y que permanecieron entre 24 hs y 7 meses. Asimismo, dijo que el proceso que se realiza con las personas entrevistadas sirve para construir otra línea de la represión durante la última dictadura militar. Un recorrido que en la mayoría de los casos cuenta con: secuestros, desapariciones forzosas y cárcel prolongada.

Hasta esta instancia, planteó la coordinadora, se hablaba solo de la prisión, sin embargo dijo que ahora se pudo realizar una reconstrucción más exacta de los momentos de la represión y la tortura. “Creo que si nos ponemos a ahondar todos los que estuvieron detenidos estuvieron desaparecidos un tiempo”, dijo con firmeza.

A cargo de Silvia Maresca estuvo el detalle técnico del Archivo Oral. Desde su mirada de archivóloga, compartió con los presentes la manera en que se organiza la información, siguiendo las pautas de normas nacionales e internacionales. La organización del `fondo´ de personas que pasaron por el Centro Clandestino de Detención y Tortura 300 Carlos, y la `subserie o categoría´ sobrevivientes. Comentó, además, cuáles son las precauciones que se toman para que la información sea accesible al público en un futuro. Las principales maneras de acceso serán: materiales educativos y de difusión, consulta directa en el Museo de la Memoria, base de datos (restringida) en la web del Mume. Además, detalló que quienes deseen consultar los materiales deberán solicitarlo con anterioridad y comprometerse a respetar el reglamento de consulta.

Aldo Marchesi, Magíster en Historia, participó de la presentación como uno de los consultores que acompaña el proceso de organización del Archivo Oral. En principio, celebró que se concretó la iniciativa del Archivo; también aclaró que cree que este trabajo puede contribuir a hacer una historia de la represión en Uruguay y a constituirse como un Archivo de denuncia. Si bien destacó que los Archivos no son “verdades”, no proveen información transparente, sino que permiten múltiples interpretaciones del pasado;

considera que la existencia de estos testimonios abre nuevas puertas: “en las luchas por la memoria se juega el futuro de la sociedad”.

Por último, las psicólogas Mariana Risso y Maria Celia Robaina de la Institución Nacional de Derechos Humanos, compartieron el trabajo que vienen desarrollando junto al Archivo Oral. A partir de la demanda de contribuir a contener la angustia y el horror, el equipo de psicólogas -también constituido por Ariadna Cheroni- estableció dos grandes líneas de trabajo: junto a los sobrevivientes que dan sus testimonios y junto al equipo de camarógrafos/as y entrevistadoras/es que escuchan. A partir de esto, generaron espacios mensuales para que el equipo pudiera “poner en palabras lo que implica escuchar testimonios de tortura o relatos de los testimoniantes. Acompañar esos sufrimientos”. Las psicólogas aclararon que el desarrollo del Archivo Oral contribuye a interpelar el autoritarismo y la crueldad que ha permeado la sociedad uruguaya, a romper con la lógica del silencio.

En ese sentido, el trabajo que se desarrolla desde el Archivo se expande: “tiene un efecto multiplicadora del valor y también multiplicador del sufrimiento”,

por eso consideran muy importante el aporte desde su disciplina, para contribuir a procesar ese malestar “sino a veces el sufrimiento obtura la escucha, y no se puede seguir compartiendo”. Los testimoniantes tienen a su disposición también este acompañamiento.

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