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Los números no mienten

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Por Mario Morosini

Si se leen titulares de algunos medios de comunicación (no agrego porque ya que no veo informativos de TV, el médico me los prohibió para evitar que me suba la presión) o nos detenemos a observar alguna reflexión que sacan, generalmente los mismos personajes en las redes, lo primero que se viene a la mente, si se cree en esos mensajes, es “tomarse el buque” y rajar del país. Lo curioso es que la gente “raja” pero cada vez para pasear más, y algo parecido sucede a nivel del tránsito, fenómeno que tuvo un crecimiento fuera de lo común, donde circular especialmente en determinadas horas se hace casi imposible, por la cantidad enorme de autos que se han sumado tanto en las ciudades como en las rutas.

No somos de los que afirmamos que está para tirar “manteca al techo” y que todo es fantástico, pero tampoco nos ubicamos en el extremo de manifestar que se vive mal en Uruguay. Todo lo contrario. Lo decimos con total franqueza, se vive mucho mejor que antes, aunque no deja de ser cierto que no todos los uruguayos les pasa  lo mismo. Aun convivimos con un 19% de niños por debajo de la línea de pobreza, y eso nos indigna. Claro, nos indignaba mucho más cuando en el 2004 estábamos en el 67% de los niños uruguayos por debajo de la línea de pobreza. Hubo notable mejora. Pero falta.

No somos críticos porque percibimos que venimos mejorando desde hace más de una década, pero somos inconformistas y lo seremos mientras existan niños en nuestro país, así sea el 1% por debajo de la línea de pobreza. Aplaudimos los avances de la “macroeconomía”, no obstante confesamos que siguen existiendo “bolsones” de la población que tienen muchos privilegios, y paralelamente tenemos muchísimos uruguayos con ingresos muy bajos y con inseguridad laboral. Las distancias entre los que tienen muchísimo y los que consiguen poquísimo, se mantienen. Se acortaron algo, pero persisten. Vamos muy bien en relación a los primeros años del presente siglo, dejando atrás una crisis inhumana, que obligaba al exilio económico. O sea que avanzamos.

La molestia de quien escribe es que lo hacemos muy lentamente, y nos encontramos con sectores de la población todavía en el fondo del tacho, y lo que es peor, con muchos jóvenes en situación de abandono total, deambulando por las esquinas, durmiendo en parques o tirados en las calles. Muchos vencidos por la droga. Sea lo que sea, una sociedad que pretende ser humana, de alguna manera debe encarar con otra sensibilidad ese tema. Responsabilidad del Gobierno, pero también de la sociedad toda. Vamos bien, deberíamos ir mucho mejor. Falta muchísimos camino por recorrer, ahora es infame decir que estamos ante un “ajuste fiscal”. Ese término es apropiado para el 2000 o el 2004, cuando los jubilados y pensionistas, por citar un solo ejemplo, recibían al comienzo de año -soportando también aumentos de las tarifas públicas-  no contaban con aumento en sus pasividades, ya que el mismo era CERO PESO. El alzheimer puede que esté incipiente en quien escribe, nadie está libre, pero no tanto para olvidar aquellas barbaridades, así como las familias que llorábamos en el Aeropuerto despidiendo hijos, hermanos, sobrinos, nietos, que se iban del país, en busca de un trabajo que se negaba en Uruguay por la alta desocupación. Eran otros tiempos, vale la pena recordarlos. 

Los números no mienten

Las tarifas públicas evolucionaron sistemáticamente desde 2004 a la fecha por debajo de los salarios en términos reales, es decir, medidas de acuerdo con su poder adquisitivo. Si se toma 2004 como base para el cálculo, en 14 años los salarios aumentaron 68,6 %. En ese período, en términos reales las tarifas de Ancap cayeron 29,8 %, las de UTE 3,9 % y las de Antel 64,2 %. La tarifa de OSE aumentó 1,8 %

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El anuncio del miércoles 7 de las correcciones anuales y regulares de los precios corresponde a las necesidades operativas y de inversión de cada ente público y su inserción en el esquema general de funcionamiento del Gobierno, que tiene en cuenta la provisión del servicio en condiciones de seguridad, calidad y competitividad. Pero ese anuncio desató una serie de opiniones, sin fundamento, que realmente asombran. Y asombran más en boca de personas que se dedican a la política.

La gráfica presenta la divergencia entre la evolución de los salarios en términos reales, es decir, medidos de acuerdo con su poder adquisitivo, y las tarifas, también en términos reales

 Los datos públicos pertenecen al Instituto Nacional de Estadísticas y el Ministerio de Economía y Finanzas.

Los aumentos propuestos implican que en 2018 los incrementos de las tarifas públicas estarán nuevamente por debajo del aumento de los salarios reales.

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